lunes, 18 de febrero de 2013

El Poeta


 
Rómulo Bustos Aguirre
 
Selección de Henry Alexander Gómez

Sin duda alguna,  Rómulo Bustos Aguirre (Santa Catalina de Alejandría, Bolívar, 1954) se ha convertido en una de las voces más sólidas y originales de la poesía colombiana. Un hálito asombroso rodea cada uno de sus poemas que van desde la profundidad de lo simple y lo extraordinario de las cosas cotidianas, sumado a la exaltación de la infancia, hasta una reflexión filosófica de corte existencial.
Presentamos para la revista La Raíz Invertida una muestra de algunos de sus libros, con la invitación a acercarse a una de las obras más consolidadas de las últimas décadas.
 
 
 
De El oscuro sello de Dios (1988)
 
 
COSTUMBRE DE RÍO
 
Morir ahogado no es solo costumbre de río
El polvo al polvo. El polvo al agua
Quizás en otro barro amasado
 
 
EL CORAZÓN ES UN CUENCO SEDIENTO Y EXTRAÑO
 
El corazón es un cuenco sediento y extraño
Toda el agua del cielo cabe en él
                                              sin derramarse
Nunca se colmaría aunque lloviera
                                                     todo el cielo
Aunque todo el cielo se derramara
                                       como una cosecha de llanto
 
 
MONÓLOGO DEL VERDUGO            
 
Cuando el rey baja la mano
debo entender que hay que aniquilar a la víctima
Si la deja a media asta
se trata entonces de una mutilación simple
Si un poco más abajo de una mutilación doble
Ignoro si alguna vez ha levantado la mano
                                                                     absolutorio
Diarias son las inmolaciones. Los días
no son menos violentos que las noches
¿Llegará un descanso para mi fatigado brazo?
En verdad no soy mejor ni peor
                                        que el resto de los mortales
 
 
 
De Lunación del amor ( 1990)
 
 
HABITAS INMOVIL 
 
todos los puntos de la Rosa
Así
como un ángel de Swedenborg
siempre estoy mirando el rostro de Dios
 
 
 
De En el traspatio del cielo (1993)
 
 
ÁRBOL CAMAJORÚ
 
I
En lo hondo del traspatio
más allá del mango, de los durmientes ciruelos
está el árbol solo, el solitario camajorú
rodeado de sed, hechizado en el tajo de luz
en que una vez se le abrió el cielo
Todos lo miramos de lejos
Pero sus ramas ya no podemos verlas. Sus ramas
                                                                       son invisibles
Sus ramas volaron a lo alto. Sus ramas quedaron
                                                            prendidas en lo alto
Y son ahora el techo del mundo

II
Bajo las raíces del árbol camajorú
                                                    hay otro árbol
El camajorú de la tierra y el camajorú del cielo
Al camajorú de la tierra se asciende bajando
como en la escalera de un sueño
Y echa un fruto redondo como preñez de luna
Del camajorú del cielo poco sabemos
Dicen que si uno come su fruto puede quedar ciego
Los ángeles de él se alimentan
a Pedro Badrán
 
 
II. CRÓNICA DE LA MADRE
 
Dios creó las seis de la mañana para que la madre
                                                                              despierte
Y nosotros podamos recoger los mangos
                                                          caídos durante la noche
Cuando el aire es todavía un secreto
                                       dicho en voz muy baja por la sombra
Ramiro encuentra los más grandes y los muestra
Pequeños trofeos recogidos en la más dulce guerra
                                                                         entre los hermanos
La madre atiza el día y suelta los olores
Sobre las cuatro patas de la mesa como un animal manso
las hojas del bijao abren su fruta humeante
Desayuna el mundo
a Enrique Sánchez
 
 
V. CRÓNICA DEL MEDIODÍA
 
La luz se empoza en los techos de zinc
Un pájaro canta
Y su voz es un hilo tendido entre el pico
y el color amarillo que ha hecho nido
                                                    en lo alto
Sería dichosa la madre
si sobre él pudiera tender la ropa recién lavada
Cuando el pájaro acabe de cantar
podría venirse abajo el cielo
 
 
VII. CRÓNICA DE LA NOCHE
 
«es un ave muy negra arrastrando las grandes alas»
Anuncia la hermana mientras suelta las oscuras
                                                                        trenzas
mirando más allá de la ventana, entre los árboles
Y yo adivino la noche deslizándose
como si hubiera estado todo el tiempo oculta
                                       bajo el palo de tamarindo
La sombra del ciruelo, la sombra de la casa,
                                                     la sombra del mecedor
Todo el día
la sombra ha seguido las cosas como animal manso
                                                                 con bozales de luz
Ahora un aliento desconocido la esparce
Algo nace de la espalda de las cosas y las envuelve
y late y trepa invisible
Algo se duerme en el plumaje de los árboles
Pero todo empieza junto al palo de tamarindo
Algo de la frescura de la noche queda siempre
escondido entre sus ramas, bajo su fresco sombrero
«es un pavorreal»
añade la hermana, mirando las estrellas
peinando largamente la noche
a Nubia Cubillos
 
 
I. CRÓNICA DEL ÁRBOL DE AGUA
 
Un día
Dios sembró un árbol de agua
                                       para que lloviera
Tomó lágrimas suyas y las sembró
Y vio Dios que era buena la tierra del cielo
para sembrar la lluvia
Y hubo así estaciones
Y cada cierto tiempo
el viento que agita las alas de mil ángeles
estremece el árbol y sus hojas se esparcen
                                                    sobre la tierra
Entonces comienza el invierno
Y nosotros ponemos ollas y cántaros para recoger
                                                                                   la lluvia
 
 
II. CRÓNICA DE LA MADRE DEL ÁNGEL
 
El ángel merodea las faldas de la madre
mientras la madre barre las puertas del cielo
                                       las que dan sobre el traspatio
Por eso en días sin viento
uno mira moverse las copas más altas de los árboles
o en la plaza se elevan súbitas
                                       las hojas en remolino
Pero en realidad ella no barre, solo recuerda
                                                    que ha barrido
Así suceden las cosas en el cielo
A él le basta con recordar que alguna vez
rondaba las faldas de la madre mientras barría
«es como cuando tú juegas al caballo
                                                     pero sin caballo»
dice el ángel, con una risa que es también
el recuerdo deslumbrado de su risa
 
 
TORTUGA
 
Sobre su caparazón inútil
dibuja su ajedrez el tiempo
como un niño
que traza inocente su rayuela
 
 
PALENQUERA
 
Abre la boca ancha
y su pregón llena la calle
los niños miran los pies descalzos
                                                    sobre la tierra
buscando las raíces de este árbol
en cuya copa maduran todos los frutos
 
 
TINAJA
 
En la forma de la arcilla
se abrazan
las preguntas del agua
 
 
ARCOIRIS
 
Rastro que dejan en su huida
los nueve pájaros del Corazón del Cielo
 
 
ORÁCULO
 
El ángel de la lluvia
tiende la mirada sobre la tierra
                                               húmeda
y mira correr los ríos
en las líneas de su mano
 
 
 
De La estación de la sed (1998)
 
 
EL PAJARERO 
 
A este hombre lo vi niño
llevando en sus manos una jaula
Un poco más usado el gesto de ociosa
                                                                 inocencia
la sigue llevando como quien porta una luz
o un distraído sueño
El pájaro ya no está
En verdad nunca ha estado
Pero, a veces, se detiene y aguza al aire el oído
como si escuchara su canto
 
 
DE LA DIFICULTAD PARA ATRAPAR UNA MOSCA
 
La dificultad para atrapar una mosca
radica en la compleja composición de su ojo
Es el más parecido al ojo de Dios
A través de una red de ocelos diminutos
puede observarte desde todos los ángulos
siempre dispuesta al vuelo
Parece ser que el gran ojo de la mosca
no distingue entre los colores
Probablemente tampoco distinga entre tú
                                                    que intentas atraparla
y los restos descompuestos en que se posa
 
 
 
De Sacrificiales (2007)
 
 
DE LA FORMA DE DIOS
 
Dios no es un círculo
 
Más bien, una ambigua elipse
un raro animal de dos cabezas
 
Dos espaldas
dos sexos
dos bocas
dos respiraciones
dos lenguas
 
De su palabra siamesa
brota el vértigo del mundo
 
 
EL CARROÑERO
El carroñero hace bien su tarea:
mondar el hueso, purificarlo de la pútrida
                                                                         excrecencia
En algún lugar de la vida, algo
hace exactamente lo contrario: cubre el hueso
empuja la oscura floración de la carne
A su extraño modo
el carroñero también trabaja en la resurrección
                                                                        de los muertos
 
 
COTIDIANA 
 
La hermana pasa lentamente la escoba sobre el pequeño tumulto
de las hormigas
y no cesa de asombrarse de lo rápidas que acudieron
al saltamontes inesperadamente caído del techo
—Parece que supieran —dice
 
Cuánta minúscula y moviente voracidad sobre el cuerpo muerto
Cuánto vértigo de pinzas trincando, desgarrando, cargando
victoriosamente el animalejo
 
—Algo las llama —insiste sabiamente la hermana
 
Yo nada digo
Yo aparto los pies y dejo barrer
mientras miro la desorientación de las hormigas
que ahora no parecen saber tanto
 
 
****
 
 
CRÓNICA DEL LIBRO DE AGUA

Por Henry Alexander Gómez

El poema ha ido llenando con árboles de lluvia el patio del cielo. El insólito eco de Dios retumba quedamente en las paredes de la casa y el milagro del lenguaje crea las horas silenciosas para que los ángeles descansen allí de su fatiga.
El universo poético que envuelve el libro En el traspatio del cielo (1993), de Rómulo Bustos Aguirre, es extraordinario. El poeta, consiente de su habilidad creadora, de su oficio todopoderoso como ingeniero del lenguaje, nos invade con la arquitectura del asombro y edifica, literalmente, el extraño palacio que se levanta en el techo del mundo, la hacienda del cielo.
Nacido en Santa Catalina de Alejandría, Bolívar (1954), Rómulo Bustos Aguirre se muestra como uno de los poetas más destacados de su generación. Desde la aparición de su primer libro, El oscuro sello de Dios (1988), ha dejado clara su habilidad para inmiscuirse en los misterios del mundo mediante el sencillo uso de la palabra. Su obra constituye un universo vitalista que interroga la existencia del ser y los objetos, y los fenómenos que le rodean.
Un poeta sueña la representación de su mundo. El traspatio del cielo es ante todo la sorpresa y la escritura de la infancia. Con un juego sutil de imaginarios, con la invención de espacios que simbolizan el cielo de los hombres, con el hálito celeste de los árboles y la trascendencia de Dios, del patio sagrado y sus “habitantes”; Bustos nos lleva a la memoria singular de su niñez. Las ensoñaciones de las horas, la fascinación por las cosas simples, el recuerdo de su hermana y su familia, o el tejido angular del mundo caribeño.
Un día 
Dios sembró un árbol de agua 
para que lloviera 
Tomó lágrimas suyas y las sembró 
Y vio Dios que era buena la tierra del cielo 
para sembrar la lluvia 
Y hubo así estaciones 
Y cada cierto tiempo 
el viento que agita las alas de mil ángeles 
estremece el árbol y sus hojas se esparcen 
sobre la tierra 
Entonces comienza el invierno 
Y nosotros ponemos ollas y cántaros para recoger 
la lluvia 
El libro es también el mito de la creación, la génesis de las cosas. Allí nos encontramos con un ángel que observa sin asombro los ríos de la tierra en la palma de su mano, o un árbol que relincha y sueña el sueño de un caballo. Sus poemas son substancias extrañas y pequeñas, su poesía es la reinvención de los objetos cotidianos. El cielo es otra forma de la infancia.
Rómulo Bustos Aguirre ha hilvanado una obra con una solidez impresionante. En ella vislumbramos la poesía del asombro. Sus otros libros, Lunación del amor (1990), La estación de la sed (1998) ySacrificiales (2003) mantienen en vilo la edad del poeta, la oración de la imaginación desbordada.
Debo decir que su escritura me llena de una emoción impar; me colma de una gran satisfacción el encontrarme con alguien que escribe con su sangre y su inteligencia. Como Aurelio Arturo, José Manuel Arango, Juan Manuel Roca y otros grandes de la poesía colombiana, su obra ya hace parte del mosaico de lo que no habrá de olvidarse.

Bustos Aguirre, Rómulo. (1993). En el traspatio del cielo. Bogotá: Colcultura. 

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Rómulo Bustos Aguirre, nació en Santa Catalina de Alejandría, pequeña población del Caribe Colombiano, en 1954. Realizó estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Cartagena y Literatura Hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo. Se ha desempeñado como profesor de literatura en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena. Ha publicado: El oscuro sello de Dios (1988), Lunación del amor (1990),  En el traspatio del cielo (Premio Nacional de Poesía Colcultura 1993) y Palabra que golpea un color imaginario (1996) en la colección Encuentros Iberoamericanos, de la Universidad Internacional de Andalucía.
Otros libros suyos son: La estación de la sed (1998), Antología de poetas costeños(1993), Sacrificiales(2007),  y Muerte y levitación de la ballena (2010).  La obra reunida de Bustos Aguirre fue publicada en 2004 por la Universidad Nacional de Colombia con el título: Oración del impuro.


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